Alguien me dijo
que con nosotros estabas
y te busqué
afanosamente
por las mañanas
por las tardes
en las multitudes
en las desbordantes alegrías de las fiestas
en las ardientes lágrimas de los sepelios
en las peregrinaciones a sagrados lugares
en los libros de sabios
en los predicadores de las calles
en las ruinosas iglesias
en los responsos
en los hospitales
en las academias y universidades
y no te encontré
Todos te negaban
con su voz o con sus actos.
Triste
me senté a la vera de un arroyo
de aguas sucias
Allí
surcaban los residuos
infectos del pecado y
las cáscaras sucias de la ambición humana.
¿Dónde estás, Señor?
¿Dónde?
Alguien me tocó el hombro,
una mano invisible
un soplo de viento
la débil luz de una estrella.
Y un susurro oí
al llegar a mis pies
una hoja rota de una Biblia
"Dame hijo mío tu cora..."
Tómalo Señor
dije
y una luz tocó mi alma
y te descubrí
Señor de la Cruz
Y descubrí que tu creación
habla de ti
baila, canta...
Y me sumé a ese coro
con esta voz
que antes blasfemaba.
BIENVENIDO a este espacio de expresión espiritual, a través de la poesía. Este antología no intenta ser una espacio a poemas místicos (aunque se incluyan algunos de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús) sino, como dirían los prologuistas del libro "Poesía y Vida", una "antología de poemas que miran la vida desde una perspectiva cristiana, a partir de la cual nos inviten a reflexionar en torno a las experiencias más cotidianas...".
domingo, 6 de diciembre de 2015
sábado, 5 de diciembre de 2015
PERO ME OLVIDE DE TI
Acuérdate de tu creador
en los días de tu juventud...
Proverbios 12:1
En el amanecer de mi existencia
Señor
vi cómo me amabas
a través de los ojos de mi madre,
pero me olvidé de ti
En mi juventud
Señor, te vi
en un magnífico amanecer
en un cielo lleno de estrellas
y galaxias,
en una flor
y en la risa de la joven
que amaba...
pero me olvidé de ti
En mi edad madura
te vi Señor
en las tiernas sonrisas de mis hijos
en la paz de mi esposa embarazada...
pero me ovidé de ti
Ahora,
en el ocaso de mi vida
hay tormenta,
fuego, viento furioso
y un verdugo
que quema mis huesos...
y de pronto me acuerdo
que me olvidé de ti.
Te llamo, te suplico, te imploro.
Señor,
ve mis llagas y mi cuerpo gastado
y mi lengua sedienta...
Y tú me dices "sígueme"
Pero yo
que nunca te hice caso
me encuentro que no se llevar
el paso a tu lado,
que te pierdo entre mis dolencias
que no sé cómo tomarme de tu mano.
Oh, ¿Por qué no me acordé de ti?
¿Por qué?
Sólo sé
que no sé cómo hacer de tu sombra
Sólo sé
que no sé cómo hacer de tu sombra
el techo que me cobije.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
TU OVEJA SOY
Tu vara y tu cayado...
Salmo 23
Oh Señor,
infúndeme alientocon la vara de tu corrección
infúndeme aliento
con tu cayado
que fiel me guíe
en las noches de mi desatino
Guíame oh Señor
con el báculo de
tu verdad
Pues tu cayado
es luz a mis pies.
Oh Señor
mi pastor
tu oveja
soy.
JRV
jueves, 26 de noviembre de 2015
QUIÉN ES MI PRÓJIMO
Quién es tu prójimo
me preguntaste
me preguntaste
y yo no supe qué contestar.
Entonces me hiciste ver
cuántas veces he dejado de lado
a quién me necesitaba
y me hiciste recordar
quién se ha inclinado
quién se ha inclinado
a levantarme
del polvo.
Luz, Luz, Luz.
Oh, Señor
tú eres el gran prójimo,
pues tuviste misericordia de mí
pagando la curación de mi heridas
con tu sangre en la cruz
Oh Señor
tu cayado es la mano
que me ha levantado.
Oh Señor
es tu voz el cayado
que me consuela
es tu voz
es tu voz
el suave aceite
sobre mi corazón
maltrecho
maltrecho
Jeremías Ramírez Vasillas
martes, 24 de noviembre de 2015
ORA POR MI
“…pero yo he rogado por ti,
que tu fe no falte”
Lucas 22:32
Oh, Señor
ora por mi
por esta frágil espiga
ora por mi
para que mi fe
no se diluya
ora por mi
ora por mi
y caiga por las coladeras.
Señor,
ora por mi
ora por mi
que no desfallezca
cuando la esperanza
en añicos
se haya
convertido.
Señor
ora por mi
que mi cuerpo gime
y mi alma se estremece
y terrores visitan mi almohada
ora por mi
Sangre y fuego
vomita mi miedo
en sueños
ora por mi
y con amargura
tomo mis alimentos.
Señor, ora por mi
Señor, ora por mi
¡Cuanta hiel
hay en este terrón de azúcar!
Señor
ora por mi
que mi canto
se ha hecho agua turbia,
lamento desaforado y sin sentido
ora por mi
Oh, Señor
ora por mi
moneda perdida
soy.
Señor mío y Dios mío
Ora por mí.
Jeremías Ramirez V
jueves, 1 de octubre de 2015
LA ESCUELA DE DIOS
Llevo años
en un grado que no alcanzo
a superar.
Es un grado elemental
lo sé... y me apena.
Y como buen maestro
No te cansas:
una y otra vez
tomas mi mano
para trazar las mismas letras
que ensayo
sin dominar
desde hace tiempo.
¡Qué paciencia la tuya!
De pronto
un golpe
un dolor que crece
y se agiganta
un dolor que abre la mirada.
No entiendo
Pregunto por qué
¿He pecado yo o mis padres?
Silencio
En medio del dolor
una luz, una luz
pequeña
se abre paso.
Entiendo
Estoy en tu escuela
Y al fin
se afila mi mirada
Ser tu alumno
en verdad tu alumno
es caminar
por el sendero estrecho.
Y me repites
como a Josué
"Mira que te mando
que te esfuerces y seas valiente"
Sí, Señor
Enseñame a decir
sin vacilar
"Heme aquí,
enviáme a mí".
JRV
en un grado que no alcanzo
a superar.
Es un grado elemental
lo sé... y me apena.
Y como buen maestro
No te cansas:
una y otra vez
tomas mi mano
para trazar las mismas letras
que ensayo
sin dominar
desde hace tiempo.
¡Qué paciencia la tuya!
De pronto
un golpe
un dolor que crece
y se agiganta
un dolor que abre la mirada.
No entiendo
Pregunto por qué
¿He pecado yo o mis padres?
Silencio
En medio del dolor
una luz, una luz
pequeña
se abre paso.
Entiendo
Estoy en tu escuela
Y al fin
se afila mi mirada
Ser tu alumno
en verdad tu alumno
es caminar
por el sendero estrecho.
Y me repites
como a Josué
"Mira que te mando
que te esfuerces y seas valiente"
Sí, Señor
Enseñame a decir
sin vacilar
"Heme aquí,
enviáme a mí".
JRV
jueves, 13 de agosto de 2015
DEJADME EN PAZ
Dejadme en paz, recuerdos de otros días
engañosas imágenes de gloria.
que venís sin cesar a la memoria,
para aumentar las ansiedades mías.
Quiero borra de mi terrible historia
las páginas primeras tan sombrías,
y en silencio llorar las alegrías
de una dicha fugaz y transitoria.
A ejemplo de la humilde pecadora,
a quien Jesús, dolido de su pena,
las culpas perdonó, quiero yo ahora.
Llorar contrito mi pasión terrena
para escuchar la voz consoladora
de perdón que alcanzó la Magdalena.*
_____________
* Juan José Bernal, poeta salvadoreño. Publicado en La Biblia en el Pensamiento Lationamericano, escrito por Luis D. Salem, Casa Unida de Publicaciones, México, D.F., 1971, pp. 69-70
engañosas imágenes de gloria.
que venís sin cesar a la memoria,
para aumentar las ansiedades mías.
Quiero borra de mi terrible historia
las páginas primeras tan sombrías,
y en silencio llorar las alegrías
de una dicha fugaz y transitoria.
A ejemplo de la humilde pecadora,
a quien Jesús, dolido de su pena,
las culpas perdonó, quiero yo ahora.
Llorar contrito mi pasión terrena
para escuchar la voz consoladora
de perdón que alcanzó la Magdalena.*
_____________
* Juan José Bernal, poeta salvadoreño. Publicado en La Biblia en el Pensamiento Lationamericano, escrito por Luis D. Salem, Casa Unida de Publicaciones, México, D.F., 1971, pp. 69-70
martes, 11 de agosto de 2015
UN RAYO DE ESA LUZ
Hay una luz en medio de las sombras,
que brilla por instantes en el cielo;
luz invisible pero siempre clara;
luz que recorre el universo entero.
Por seguir esa luz —hoy pocos hombres
en el cadalso enseñarían sus pechos;
por seguir esa luz— el cristianismo
cuenta millares de sus hijos muertos.
Esa lección, esa lección sublime
que cada siglo que perece, al nuevo
que sonríe en la cuna le presenta,
la miramos los hombres con desprecio.
El anciano Moisés, entre las hojas
de un Libro Santo, la estampó en letreros
y el Libro, desde entonces, con los siglos
ha venido entre el polvo y siempre ileso.
Ese libro es la Biblia —él encierra
aquella luz que sólo por momentos
aparece en la tierra, y que los hombres
no seguimos jamás aunque la vemos.
También esa luz tiene su nombre,
se llama la verdad —pero en el suelo,
como el cocuyo entre la noche alumbra,
brilla… se esconde y va a brillar más lejos.
Un rayo de esa luz —un solo rayo,
es, dulce amigo, lo que aquí te ofrezco:
claro cocuyo que en oscura noche
atravesó entre las sombras mi cerebro.
Epifanio Mejía (1838-1913), poeta colombiano. Este poema fue tomado del libro La Biblia en el pensamiento Hispanoamericano, de Luis D. Salem, Casa Unida de Publicaciones, S.A. de México, 1970, p. 30.
miércoles, 5 de agosto de 2015
EL CRISTO
Leopoldo Marechal
l
Al silbo amoroso del Viento
se oponen orejas de hierro:
las caras de hierro se miran
en duros espejos de hierro.
Ya Hesíodo ha contado y llorado
las frutas violentas del hierro.
Y el padre Virgilio,
que limaba hierro,
ya vio en profecía
la gloria del Niño
fundidor de hierro,
que nacerá de madre virgen
para que tenga Juez el hierro.
Habitante del hierro y en témporas de hierro,
yo busco el oro que vuelve
sobre llanuras de plata
fundida ya siete veces.
2
Oye lo que te digo, hermano en bruto:
si el Verbo descendiese hasta los hombres,
¿piensas tal vez que reconocería
su imagen en tu duro metal enajenado?
¿Encontraría en ti la imagen de oro
que grabó en tu substancia junto al árbol primero?
Ladrón del oro, Adán oscurecido,
¿qué has hecho de la fruta que robaste?
Las caras de hierro se miran
en fríos espejos de hierro:
yo busco el oro que vuelve
sobre llanuras de plata.
3
Y oye lo que te digo, hermano en bruto,
ladrón del oro, fugitivo Adán:
si has cambiado tu ropa de viajero
y escondido tu robo entre metales,
¡devolverás al árbol esa fruta robada!
“¿Cómo lo haría?”, me dirás.
Al silbo amoroso del Viento
se oponen orejas de hierro.
Y oye lo que te anuncio, hermano en fuga:
para que tenga Juez el hierro
debe nacer un Niño de oro.
4
Lenguas untadas con la profecía
ya dicen los asombros que vendrán.
Yo, habitante del hierro
y en témporas de
hierro,
preví las manos del Adán segundo.
Y eran manos calientes (dos palomas de sangre)
que llevaban al centro y devolvían
una fruta robada y un oro en dispersión.
Yo, Leopoldo el redento,
preví la gran astucia.
Y oye lo que te digo, hermano cruel:
en un jardín plantado hacia el Oriente,
hay un árbol que llora su despojo.
5
Ya la vieja serpiente se ha dormido en el hierro.
“¿Y quién aplastaría su cabeza?”, dirás.
Ha de nacer un Niño de oro,
para que tenga Juez el hierro:
su madre virgen lo esperaba.
Y eso es lo que te anuncio, y oye bien:
Yo, Leopoldo el redento,
preví la gran astucia,
y el teorema de Arriba
que será demostrado.
6
¿Quién es Aquella que florece
como el cedrón junto a las aguas,
rosa en lo exacto, almendra en lo inviolable,
nudo primero del acontecer?
Su madre virgen lo esperaba,
y ha de nacer un Niño de oro.
Yo, el redento, he previsto la justicia
de la segunda Eva,
y la ecuación celeste que se resolverá
por una flor en la balanza,
por una almendra sin rotura.
En un jardín plantado hacia el Oriente,
hay un árbol que llora su despojo.
Y eran manos calientes (dos palomas de sangre)
las que le devolvían una fruta robada.
7
Pero, ¿quién es Aquella,
la que pisa la luna y el dragón,
la rosa en obediencia y el cubo de la luz?
Parecerá una niña frente al ángel,
y es anterior al ángel y a su primer diseño;
parecerá una niña junto al mar,
y es anterior a todas las paciencias del agua.
Nudo gracioso del acontecer,
¡oh, Virgen en tu almendra, danos al Niño de oro!
Y oye lo que te digo, hermano cruel:
este poema es fácil como la geometría.
8
Por el número fiel de la Eva segunda
nos ha nacido este pimpollo exacto,
y este segundo Adán que vuelve al centro,
y este piadoso escándalo de Arriba.
Ladrón del oro, fugitivo Adán,
¿qué has hecho de la fruta que robaste?
Yo te anuncio al que vuelve y restituye
la fruta enajenada.
“¿Cómo lo haría Él?”, me dirás en tu hierro.
El ha de ser la fruta y ha de buscar el árbol:
El mismo ha de colgarse, por Sí mismo,
de la rama en despojo.
Y este poema es fácil como la geometría:
yo, el redento, preví la ecuación, ¡aleluya!
9
Hermano en viaje, Adán oscurecido,
te anuncio al que devuelve la fruta y su ladrón:
la fruta vuelve al Árbol y el ladrón vuelve al centro
por este Adán que nos parió la almendra,
bello y escandaloso para siempre, ¡aleluya!
10
Y ha de asumir la forma del ladrón,
para que al centro vuelvan el ladrón y la fruta:
este segundo Adán es el oro robado,
y es el primer Adán que lo devuelve.
Se desposó la tierra con el cielo, ¡aleluya!,
y este Adán es el Hijo y a la vez el Esposo.
Yo, el redento, preví la gran astucia,
o el teorema de amor que se resuelve
por la obediencia de la Rosa,
por las dos caras de su Hijo.
11
Y oye lo que te digo, hermano en fuga:
Pondrás en un mortero tu lógica de hombre,
la molerás hasta batirla en polvo
y arrojarás al viento sus átomos heridos.
Alcanzarás entonces la lógica divina,
por la cual todo es fácil
en el Cristo y su almendra.
12
Habitante del hierro y en témporas de hierro,
yo lo miro pisar la tierra exacta.
Bajo los pies del Cristo,
bajo sus dos talones puros y escandalosos,
la tierra ya no sabe si reír o llorar,
si detener su vuelo de tábano celeste,
si rendirle sus águilas y flores.
La tierra se anonada en el absurdo,
bajo aquellos talones que la hieren,
pues en el Cristo reconoce al Verbo
que la creó al nombrarla,
y es demasiado que la criatura
sostenga el peso de su Creador.
Pondrás en un mortero tu lógica de hombre:
sólo el desnudo entiende la desnudez primera.
13
Lo veo junto al mar, o surcando sus lomos
ya en la quilla mojada, ya con los pies enjutos.
Y el mar entra en el alto pavor de lo increíble,
pues en el Cristo ya miró a su Verbo,
al que le dio la espuma y el hígado furioso
y al que saló la esfera de sus aguas
como un pan levantisco.
Es demasiado que la criatura
sostenga el peso de su Creador;
y el mar que lo levanta no sabe todavía
si dormirse a sus pies, viejo león,
o templarle al oído sus vihuelas amargas
o devolverle su pescado ciego.
Todo parece fácil en el Cristo y su almendra:
si el mar lo adivinó, ya está desnudo.
14
Lo sigo bajo el cielo y su mirada.
Y el cielo que lo cubre tiembla como una flor
en el pulgar y el índice del aire;
pues en el Cristo ya conoce al Verbo
que dibujó su cúpula redonda,
que atornilló su justa mecánica de estrellas
y calculó sus polos y sus ejes.
Es demasiado que la criatura
se vea techo de su Creador.
Por eso el Cristo, abajo, es un teorema
que parece insoluble,
y el cielo, arriba, es una perplejidad combada.
15
Sólo el hombre de hierro no lo ve todavía;
y es justo, hermano en fuga, que lo ignores aún.
El Cristo es un teorema que será demostrado,
y tú mismo has de ser el compás y la escuadra.
Resolverás tú mismo la ecuación admirable,
¡oh, sin saberlo, hermano,
y aunque hieras al Cristo
ya con tu risa de flautín al alba,
ya con tu voz de cuerno a medianoche!
16
Judas cumplió ya el gesto que le fue señalado:
misterioso de oficio, ya cuelga de una rama.
Y el peso enorme de la profecía
tironea sus pies hacia el abismo;
pero, arriba, sus ojos reventados de cuervos
usan ya otra mirada.
Fruto, a su vez, de un árbol,
Judas ya está en la higuera,
misterioso de oficio, incomprensible.
17
Y el Cristo, prisionero de la Letra,
ya está enfrentado con los Hombres Letras:
con el hombre Ghimel y el hombre Thau.
Insistentes escribas le arrojan al semblante
sus gárgaras de letras:
le lloran letras o le ríen letras
(llantos de cuerno, risas de flautín).
Entre un olor de guiso de pescado
y una zumbante nube de moscas o palabras,
el Cristo es un silencio más alto que la música,
y es toda la Palabra, y anterior al sonido.
Insistentes escribas deshojan a sus pies
el árbol en otoño de la literatura.
18
Después, bajo sus telas imperiales,
El Hombre que se Lava las Manos le pregunta:
“¿Qué cosa es la Verdad?”
Y la mira de frente y no la ve,
preguntador de hierro bajo sus ropas claras.
Al silbo amoroso del Viento
se oponen orejas de hierro,
y el Cristo es el oro que vuelve
pisando llanuras de plata.
19
El Hombre que se Lava las Manos, juez de tierra,
quiere soltar al Cristo prisionero:
ya entre columnas imperiales gritan
odios de cuerno, rabias de flautín.
¡Ah, no temas, escriba de nariz exaltada!
Y oye lo que te digo, hermano cruel:
te juro que ni el hombre de la toga,
ni los hinchados bíceps del Imperio,
ni todas las astucias que medita el abismo,
ni siquiera la mano voladora del ángel
pueden soltar al Cristo prisionero.
Esa verdad te juro, y oye bien:
el Cristo es una presa
divina, entre columnas.
20
El Hombre del Imperio ya se lavó las manos:
de toda eternidad se las lavó.
Y ahora estás escupiendo, hermano en fuga,
la barba de tu Cristo,
y azotas ya su carne que brotó de la almendra,
su pulpa de mercurio trabajado.
¡Qué bien estallan en el aire digno
tus risas de flautín y tus burlas de cuerno!
Estás alegre, y con razón, hermano,
¿por qué no bailas junto al Cristo en obra?
El Cristo es un teorema que se va demostrando:
tú mismo eres ahora su compás y su escuadra.
21
Lo empujas a la cruz de los ladrones,
y ríes frente al sol, hermano ciego.
¿Qué astucia de justicia te lo sopló al oído?
Esta verdad te anuncio, escúchame:
sólo un dios puede ser crucificado,
sólo un dios es capaz de inscribirse en la cruz.
La cruz de tus ladrones era una cruz robada:
sin saberlo, tú mismo la devuelves ahora.
22
La cruz vuelve a pasar del ladrón al robado
y el Cristo ya la mira como el fruto a su rama.
Ladrón del oro, fugitivo Adán, ¿qué has hecho de la fruta
que robaste?
La fruta vuelve al árbol
por este Adán segundo
que nos parió la almendra.
23
La fruta vuelve al árbol, y el árbol a su centro.
¡Toma la cruz restituida y marcha!
¡Bien sabes el camino, Adán sin culpa!
¡Bien conoces el centro del árbol que te duele!
¡Ah, con sus dos talones puros y escandalosos,
el Cristo es un teorema que se va demostrando!
24
Este segundo Adán es el oro robado
y es el primer Adán que lo devuelve.
Oye lo que te digo, hermano en hierro:
eres tú mismo quien restituye la fruta.
Llevas tú mismo al hombro la cruz, y no lo sabes:
te diriges al centro del árbol y lo ignoras.
No ves cómo tu hierro se va trocando en plata,
según opera el Cristo que te asume.
Y eran talones puros (dos rosas castigadas)
y eran manos calientes (dos palomas de sangre)
los que se dirigían al centro con el árbol.
Y el oro caminaba, y tú detrás.
25
El Cristo es el oro que vuelve,
pisando llanuras de plata.
Ya está en el centro, y tú con Él, hermano:
ya cuelga de la cruz, y tú con Él.
Y en un jardín plantado hacia el Oriente,
un árbol ya recobra su despojo.
26
El Cristo es un teorema demostrado.
Yo lo veo en la cruz, Hombre Total:
desde sus pies hasta su frente, asume
toda la Creación en los tres mundos.
Sólo un dios puede ser crucificado:
su madre lo buscaba entre las tumbas.
27
Yo lo miro en la cruz, y tres mundos lo ven,
dulce y escandaloso para siempre:
a su derecha el sol, a su izquierda la luna,
y en el fondo una noche de cabeza de cuervo.
Espinas de su frente lo hacen rey:
es el Rey Muerto ahora, y en seguida es el Fénix
de la resurrección y el buen oro logrado.
Su madre lo buscaba entre las tumbas:
no lo encontró, ¡aleluya!
28
¡Y adiós, hermano en plata o en retorno!
¡Llora, si quieres, por el Cristo roto:
besa la flor caliente de sus llagas ahora!
Yo, Leopoldo el redento, preví la gran astucia
y el teorema celeste que nos fue demostrado
por la obediencia de la Rosa,
por las dos fases del Cordero.
Y oye lo que te digo, hermano en plata:
no volveré a llorar junto a la Cruz.**
* (Buenos Aires, 1900 - 1970) Narrador,
poeta, dramaturgo y ensayista argentino vinculado inicialmente al vanguardismo,
aunque luego se orientó hacia posturas filosóficas neoplatónicas y de carácter
nacionalista, autor de la importante novela Adán Buenosayres (1948). Convertido
al evangelio en 1960.
*http://protestantedigital.com/magacin/12618/De_catolico_a_evangelico_Leopoldo_Marechal
martes, 4 de agosto de 2015
EL CIERVO HERIDO
1.
Por irme tras la huella
del ciervo herido
me sorprendió la noche,
perdí el camino.
Solo corría el ciervo
por los eriales:
De su costado abierto
manaba sangre.
El ciervo fatigado
buscó las aguas:
Esquinas de su frente
le coronaban.
Se fue por lo escondido
y holló la selva:
¡Quedaban a su paso
rojas las breñas!
Por ir de cacería
perdí el camino:
mi pecho estaba sano
y el ciervo herido
2
Como la azucenas
se abría el alba,
cuando seguí sus rastros
en la montaña.
Lo perseguí en las dunas
y en la marisma,
sin advertir el paso
del mediodía.
Detrás del ciervo herido
me halló la tarde:
¡Sol poniente, en mi vida,
luna levante!
Cerrado luego el día,
perdido el norte,
al cazador y al ciervo
cazó la noche.
3
El ciervo queda en salvo,
mi pecho herido:
¡Por ir de cacería
gané el camino!
Leopoldo Marechal
(Buenos Aires, 1900 - 1970) Narrador,
poeta, dramaturgo y ensayista argentino vinculado inicialmente al vanguardismo,
aunque luego se orientó hacia posturas filosóficas neoplatónicas y de carácter
nacionalista, autor de la importante novela Adán Buenosayres (1948). Se convirtió
al evangelio en 1960.
domingo, 2 de agosto de 2015
EL BORDE DE TU MANTO
...porque decía dentro de sí:
Si tocare solamente su manto, seré salva. (Mateo 9:21)
Enfermo estoy, lo sé;
y busco alivio, y no lo encuentro
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
El médico
dice que sano estoy pero
me duelo.
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
Algo negro, sí, algo negro
crece en mí como una hiedra
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
Una sombra engulle mi corazón de piedra
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
Un deseo insano me gobierna
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
Y lloro en las noches
en silencio
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
No, no quiero que por mi
te detengas
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
No hace falta, Señor, no hace falta
Sí sólo pudiera tocar el borde de su manto
tan sólo quiero
tocar el borde de tu manto.
jueves, 30 de julio de 2015
HOY ES EL DÍA DEL PERDÓN
...vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros".
Juan 13:14
Me quito los zapatos
y veo mis pies: no hay polvo del camino
Sin embargo
hay polvo, sé que hay polvo
mucho polvo dentro de mí.
Sí, aquí
hay un polvo viejo que me carcome
hay un polvo que escondo los domingos
hay un polvo de apenas ayer
hay un polvo que sigue cayendo, cayendo,
sin cesar. Me inunda.
Hermano
tú sabes que sucio estoy
y ante ti debo quitarme
las sandalias de cristiano intachable
para que me laves tú
con el agua de tu mirada
con el agua de tu compasión
con el agua de tu perdón.
Hermano
déjame lavarte yo a ti
Prometo que cuando
desnudes tus pies del alma
no me fijaré en el polvo
no me detendré a analizar
su peso o dimensión
su color o gravedad.
Hermanos, todos,
vengan, vengan
descalcémonos el alma
que hoy, hoy
es el día
del perdón.
miércoles, 29 de julio de 2015
COMO EL AGUA
como el agua
Hazme Señor
como el agua
para amoldarme
al hueco de tus manos
para fluir libre
por lecho de tu río
Como el agua Señor
hazme como el agua.
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