viernes, 1 de abril de 2016

COMO EL GRANO DE MOSTAZA

¿A qué haremos semejante el reino de Dios, o con qué parábola lo compararemos?
Es como el grano de mostaza, que cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra; pero después de sembrado, crece, y se hace la mayor de todas las hortalizas, y echa grandes ramas, de tal manera que las aves del cielo pueden morar bajo su sombra.
Marcos 4:30-32



Qué humilde semilla
pusiste en
en el árido suelo galileo.
Tan pequeña,
tan insignificante
ante el poderoso árbol romano.

Han pasado los siglos.
Nada hay de Roma
más que ruinas,
piedras, polvo
y una estela de sangre
y olvido.

¿Y tu reino tan fieramente perseguido?

Árbol, árbol
que entre duras rocas
creció, creció, creció
Y helo aquí,
al paso de los siglos:
qué soberbio tamaño universal

Y cuántas aves
negras, blancas, torvas, efímeras
han hecho su nido.
bajo su sombra.

Las miro,
no con envidia
pues yo, en tu reino, quiero
más que ave
ser rama,
pámpano,
o pequeño retoño
o apenas una hojita temblorina;
pero que reciba de ti
la savia pura de su tronco

Ave no,
Nunca ave

Rama sí, hojita o flor.


domingo, 21 de febrero de 2016

EL SILENCIO DE DIOS

A través del smog
que oprime el azul del cielo
distingo en la bruma girones de tu gloria
empañada por el progreso humano

Veo los campos resecos
las montañas desmembradas
los mares infectados
y aún puedo distinguir tu majestad.

En la noche de tormenta
oigo como resuena
tu potente voz.

En una radiografía de mí
admiro tu delicado diseño
y mi descuido.

No, no estás en silencio.

El silencio
surge de nuestras almas
entenebrecidas,
de nuestro egoísmo,
de nuestra falsa autoestima

¡Cuánto ruido, Señor
hay en nuestro interior!

Silencio
silencio quiero en mí
para oír tu voz.



domingo, 7 de febrero de 2016

ORACIÓN



Oh Señor, 
ya no quiero conocerte de oídas.
sino 
que mis ojos te vean, 
que pueda sentirte
percibir tu aroma
escuchar tus pasos
cerca de mí
y sentir
el delicado roce de tus manos.
Que al tocarte
te sienta
como siento un árbol, 
o el agua, 
o el aire, 
así
tan cercano.





viernes, 8 de enero de 2016

TU VARA Y TU CAYADO

Sabes bien
que no soy una oveja dócil.

¡Cuantas veces
ajenas veredas tomé,
embriagado por los cascabeles
de las serpientes!

Pero Señor
tu vara
que cayó sobre mis carnes trémulas
me hizo ver mi extravío.

En medio de mis lágrimas
sentí junto a mi cuerpo
tu cayado
y sentí
como ponías
delicadamente
mis pies en tu
camino.

Tu vara, oh Cristo,
me muestra tu amor
"Por que Dios
al hijo que ama castiga"

Y tu cayado,
oh, Dios,
tu cayado
se extiende hasta
donde estoy
y me pone a salvo
entre tus brazos.

Tú vara y tu cayado
sí, Señor,
me infunden aliento.