En la tarde cálida
de verano
un árbol de hojas
esmeralda
una flor como
sangre en la hierba
un rebelde pasto
entre las grietas del cemento
rebosan de poderío
vital.
Quiero, que como
ellos
la poderosa savia
de tu espíritu, Señor
vivifique mi gastado
cuerpo
de modo que pueda
decir, pueda sentir
que ya no vivo yo
sino Cristo en mí.