martes, 4 de agosto de 2015

EL CIERVO HERIDO




1.
Por irme tras la huella
del ciervo herido
me sorprendió la noche,
perdí el camino.

Solo corría el ciervo
por los eriales:
De su costado abierto
manaba sangre.

El ciervo fatigado
buscó las aguas:
Esquinas de su frente
le coronaban.

Se fue por lo escondido
y holló la selva:
¡Quedaban a su paso
rojas las breñas!

Por ir de cacería
perdí el camino:
mi pecho estaba sano
y el ciervo herido

2
Como la azucenas
se abría el alba,
cuando seguí sus rastros
en la montaña.

Lo perseguí en las dunas
y en la marisma,
sin advertir el paso
del mediodía.

Detrás del ciervo herido
me halló la tarde:
¡Sol poniente, en mi vida,
luna levante!

Cerrado luego el día,
perdido el norte,
al cazador y al ciervo
cazó la noche.

3
El ciervo queda en salvo,
mi pecho herido:
¡Por ir de cacería
gané el camino!

Leopoldo Marechal 
(Buenos Aires, 1900 - 1970) Narrador, poeta, dramaturgo y ensayista argentino vinculado inicialmente al vanguardismo, aunque luego se orientó hacia posturas filosóficas neoplatónicas y de carácter nacionalista, autor de la importante novela Adán Buenosayres (1948). Se convirtió al evangelio en 1960.

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