Hazme una cruz sencilla, carpintero,
sencilla
sin añadidos ni ornamentos
que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.
Los brazos, en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos,
que no haya un sólo adorno
que distraiga este gesto,
este equilibrio humano
de los dos mandamientos...
Sencilla...
hazme una cruz sencilla, carpintero.
El astil disparándose a los cielos.
)amar a Dios sobre todas las cosas)
los brazos, en abrazo hacia la tierra
(amar al prójimo como a ti mismo)
La cruz está contenida ya en el Decálogo.
Y con los nacimientos (no son más que dos)
con los dos mandamientos
cruzados se hace la cruz...
León Felipe, Rocinante · Israel, Finisterre Editores, México, pp. 88-89
BIENVENIDO a este espacio de expresión espiritual, a través de la poesía. Este antología no intenta ser una espacio a poemas místicos (aunque se incluyan algunos de San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús) sino, como dirían los prologuistas del libro "Poesía y Vida", una "antología de poemas que miran la vida desde una perspectiva cristiana, a partir de la cual nos inviten a reflexionar en torno a las experiencias más cotidianas...".
viernes, 28 de febrero de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
¿QUIËN?
¿A quién podemos disparar
nuestras flechas rotas?
¿Quién nos reparará
el arco también?
¿Quién vendrá
a llevarnos cautivos
hacia la libertad?
Tú Señor,
sólo tú.
Poema de César Abreu-Volmar, tomado del libro Poesía y vida: antología de poesía cristiana contemporánea, ediciones Certeza, 1979, Buenos Aires, Argentina, p. 34
nuestras flechas rotas?
¿Quién nos reparará
el arco también?
¿Quién vendrá
a llevarnos cautivos
hacia la libertad?
Tú Señor,
sólo tú.
Poema de César Abreu-Volmar, tomado del libro Poesía y vida: antología de poesía cristiana contemporánea, ediciones Certeza, 1979, Buenos Aires, Argentina, p. 34
martes, 25 de febrero de 2014
COPLAS DEL ALMA QUE PENA POR VER A DIOS
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera
espero,
que muero porque no
muero.
En mí yo no vivo ya,
y sin Dios vivir no puedo;
pues sin él y sin mí quedo,
este vivir, ¿qué será?
Mil muertes se me hará,
pues mi misma vida espero,
muriendo porque no
muero.
Esta vida que yo vivo
es privación de vivir;
y así, es continuo morir
hasta que viva contigo.
Oye, mi Dios, lo que digo,
que esta vida no la quiero,
que muero porque no
muero.
Estando ausente de ti,
¿qué vida puedo tener,
sino muerte padecer,
la mayor que nunca vi?
Lástima tengo de mí,
pues de suerte persevero,
que muero porque no
muero.
El pez que del agua sale
aun de alivio no carece,
que en la muerte que padece,
al fin la muerte le vale.
¿Qué muerte habrá que se iguale
a mi vivir lastimero,
pues si más vivo más
muero?
Cuando me pienso aliviar
de verte en el Sacramento,
háceme más sentimiento
en no te poder gozar;
todo era para más penar,
por no verte como quiero,
y muero porque no
muero.
Y si me gozo, Señor,
con esperanza de verte,
en ver que puedo perderte
se me dobla mi dolor;
viviendo en tanto pavor,
y esperando como espero,
muérome porque no
muero.
Sácame de aquesta muerte,
mi Dios, y dame la vida;
no me tengas impedida
en este lazo tan fuerte;
mira que peno por verte,
y mi mal es tan entero,
que muero porque no
muero.
Lloraré mi muerte ya
y lamentaré mi vida
en tanto que detenida
por mis pecados está.
¡Oh mi Dios!, ¿cuándo será
cuando yo diga de vero:
vivo ya porque no
muero?"
Poema de San Juan de la Cruz (1542-1591), tomado del libro Poesía española del Siglo de Oro,
Ediciones 29, Barcelona, España, pp. 40-41
lunes, 24 de febrero de 2014
REGRESO
Aquí me tienes, Señor,
con el cansancio de buscarme:
Traigo las manos llenas de vacío
y una vejez inmensa dentro mío.
Quise ser alegría tormentosa,
quise ser río.
Y hoy sólo traigo la arena y el desierto,
la soledad del mundo
y este frío.
Hoy que regreso, me pregunto:
Tú que eres fuente
¿recibirás a quien quiso ser río?
Poema de Elsie Romanenghie de Powell, tomado del libro Poesía y vida: antología de poesía cristiana contemporánea, Ediciones Certeza, Buenos Aires, Argentina, 1979, p. 18
con el cansancio de buscarme:
Traigo las manos llenas de vacío
y una vejez inmensa dentro mío.
Quise ser alegría tormentosa,
quise ser río.
Y hoy sólo traigo la arena y el desierto,
la soledad del mundo
y este frío.
Hoy que regreso, me pregunto:
Tú que eres fuente
¿recibirás a quien quiso ser río?
Poema de Elsie Romanenghie de Powell, tomado del libro Poesía y vida: antología de poesía cristiana contemporánea, Ediciones Certeza, Buenos Aires, Argentina, 1979, p. 18
domingo, 23 de febrero de 2014
NACIMIENTO
¿Y si la Historia no la hiciese el reloj?
Ni el de la cocina ni el parlamento…
Si la Historia, señor Profesor
no la hiciese el tiempo,
el molinillo de la tierra
que gira y gira repitiendo
caudillos y tiranos, rebaños trashumantes,
pueblos, pueblos, pueblos…?
Y si no hubiese más que un solo pueblo?
¡Si no hubiese más que un solo pueblo!
…Y la Historia estuviese ahí quieta, parada
como un rebaño,
como una estampa,
como un “Belén”,
como un “nacimiento”…
y todo no fuese
más que símbolos y muñecos…?
Este es el rey
ésta es la estrella,
ésta es la cruz…
Si la Historia no fuese más que un viento
encendido
y genésico
que lo coloca y lo sostiene todo…
y todo fuese muy pequeño
con una mística perspectiva
donde todo estuviese eternamente quieto…?
Este muñeco de barro es Caín, y Hitler
este otro muñeco.
Si el Éxodo siguiese y siguiese
fluyendo… fluyendo… fluyendo…
y el mar rojo
pequeñito, pequeño
pero rojo, rojo, rojo siempre,
también siguiese fluyendo?
Si los coderos de Abraham
—aquel
del sacrificio—
y los que esta mañana degollaron en los mataderos
de Chicago
fuesen los mismos corderos?
Si Moisés y yo,
por ejemplo,
fuésemos contemporáneos,
vecinos,
nacidos en el mismo pueblo…
Si las barbas de Moisés y las mías
Las cortase y las arreglase el mismo peluquero…?
No me burlo, señores, no me burlo…
¡estoy hablando en serio!
Moisés,
Vámonos a dar un paseo
vámonos esta tarde caminando
desde el Sinaí… Hasta el cerro del Gólgota…
quién ha dicho: eso está muy lejos…
quién ha dicho:
desde el Sinaí hasta el Gólgota
hay un largo trecho
Oh, no,
no está muy lejos,
Moisés, llévate las tablas bajo el brazo
y caminemos.
Caminamos,
caminamos por un camino abierto.
Así a primera vista, de repente,
Moisés y yo juntos parecemos
dos vulgares y oscuros
agentes de comercio…
O dos malabaristas.
Moisés y su hermano Aarón aprendieron
a hacer muy bien
juegos malabares en el desierto,
allá en Egipto… los mismo juegos malabares
que han aprendido ahora los españoles refugiados
en México.
¡Los mismos! —Es el
lenguaje común
de todos los éxodos…—
Caminamos. Y topamos con pastores
peregrinos traficantes… (los vi, los veré y los
estoy viendo)
Todos nos saludan y conocen…—
Allí va Moisés con León Felipe ¡Vaya un par de
pájaros!
—dicen los arrieros.
Los arrieros son los mismos también
de todos los tiempos.
Seguimos caminando… Y llegamos a
la falda del Gólgota. Allí le arrebato
las “Tablas” a Moisés y parto por las bisagras
el Decálogo: Los dos mandamientos
—son dos nada más—
y hago una cruz con ellos
“los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos”
(¿Estos versos los escribí ya hace veinte siglos
o los escribí esta mañana?... ¿Cuándo he escrito
yo estos versos?)
Subimos… subo yo sólo.
Moisés no quiere subir, no puede (¡ya subirá!)
Moisés me aguarda ahora sentado en
La piedra fronteriza que separa
El Antiguo del Viejo Testamento
¡Subo yo solo! Y clavo la cruz
en la misma giba del cerro
¡en el Gólgota!
Este es el centro de la Historia del mundo.
Desde aquí, de pie, ahora, contemplo
en síntesis mística y poética
todo el “Nacimiento”.
No hay cuna ni pesebre: nadie ha nacido aquí,
sólo una cruz vacía: nadie ha muerto
—¿O nace y muere un Dios todos los días? —
Judíos
fijaos bien en esto.
Miro, ahora, a la redonda:
allá abajo está Adán, en el comienzo,
la primera figurita de barro que hizo el alfarero…
el primer muñeco
y allá…
en el lado opuesto
el último cardenal
el último cardenal del último concilio del último concilio
ecuménico…
la última figurita de barro que hizo el alfarero…
¡el último muñeco!
Desde aquí veo todos los muñecos
y todo está horizontal y plano…
El globo terráqueo es un tablero.
Se han parado el sol y la tierra…
¡No hay tiempo!
Señores, amigos, judíos, contemporáneos todos…
¡todos contemporáneos!
La historia está ahí quieta
suspendida en el viento…
y es un poco más grande
sólo un poco más grande que este
“NACIMIENTO”
________________
León Felipe, poeta español. Poema tomado del libro Rocinante. Israel, Finisterre Editores –
México, pp. 79-85.
sábado, 22 de febrero de 2014
UN SÓLO REBAÑO
Cristiandad moderna,
JRV
ejército desmembrado,
células dispersas,
grupúsculos de identidad cerrada,
entes extraños que se mueven
en la sombra.
Cuando los unirás,
Señor,
bajo tu manto;
que unidos enarbolen
una única bandera.
Hasta cuándo Señor
presentarán un sólo frente
al señor de este
siglo, león rugiente
que ataca furioso.
Y demostrarle, en todo tiempo,
que no somos sus víctimas.
porque Cristo nos guarda
de sus ardides.
Hasta cuándo sin nombres
ni banderas;
sólo guiados por tu Cruz
seremos
un sólo y único rebaño.
viernes, 21 de febrero de 2014
¿QUIEN EMPAÑÓ NUESTRA MIRADA?
Los cielos cuentan la gloria de ti.
Una flor, una hormiga, un microbio
también hablan de tu grandeza
¿Por qué entonces
negamos que eres tan real
como una piedra o una estrella?
¿Que obtusa ceguera
empañó nuestra mirada?
Jeremías Ramírez
Jeremías Ramírez
TU CAMINO
De todos los caminos que se me ofrecen,
quiero el que Tú escogiste.
El que espera mis huellas en su polvo.
El que no promete
sino tu compañía.
Quiero ese que tiene tus pasos,
el que cruza el interior de todos los hombres,
el que origina nuevos senderos
de amor, de luz, de paz.
Quiero un camino de humildad, de poder
interior...
Quiero un camino como el que Tú entre
nosotros caminaste...
sabiendo que te llevaría a la cruz.
Norma Panozzo de Re, del libro Poesía y vida: antología de poesía cristiana contemporánea, Ediciones Certeza, Buenos Aires, Argentina, p. 87
quiero el que Tú escogiste.
El que espera mis huellas en su polvo.
El que no promete
sino tu compañía.
Quiero ese que tiene tus pasos,
el que cruza el interior de todos los hombres,
el que origina nuevos senderos
de amor, de luz, de paz.
Quiero un camino de humildad, de poder
interior...
Quiero un camino como el que Tú entre
nosotros caminaste...
sabiendo que te llevaría a la cruz.
Norma Panozzo de Re, del libro Poesía y vida: antología de poesía cristiana contemporánea, Ediciones Certeza, Buenos Aires, Argentina, p. 87
jueves, 20 de febrero de 2014
LA CARGA
Toma Tú, mi Señor, esta carga;
Me siento exhausto bajo el peso
De mi fardo: cansadas,
Mis manos tiemblan.
Voy a cada instante tropezando
Al seguir mi senda.
¡Oh, condúceme con tu mano divina
Otra vez este día!
Si tú no conduces mi camino
Será para mi demasiado
Difícil y áspero:
Tan sólo podré proseguirlo
Confiando en que tu vas conmigo.
Más no sólo gimo
Por mí. Esta carga que llevo,
Son las aflicciones, Señor, de mi pueblo.
Poema de Toyohiko Kagawa, del libro Cantos de los barrios bajos, Casa Unida de Publicaciones y Editorial Aurora, Argentina-México, 1953.
Me siento exhausto bajo el peso
De mi fardo: cansadas,
Mis manos tiemblan.
Voy a cada instante tropezando
Al seguir mi senda.
¡Oh, condúceme con tu mano divina
Otra vez este día!
Si tú no conduces mi camino
Será para mi demasiado
Difícil y áspero:
Tan sólo podré proseguirlo
Confiando en que tu vas conmigo.
Más no sólo gimo
Por mí. Esta carga que llevo,
Son las aflicciones, Señor, de mi pueblo.
Poema de Toyohiko Kagawa, del libro Cantos de los barrios bajos, Casa Unida de Publicaciones y Editorial Aurora, Argentina-México, 1953.
miércoles, 19 de febrero de 2014
LA OFRENDA DE LA VIUDA
Solo era una anciana
encorvada y pobre
sin más sustento
que un retorcido bordón
de madera burda
sin más alimento
que el magro desayuno de ese día
sin más dinero que
dos pequeñas monedas
que hicieron temblar
el poderoso edificio
de la hipocresía.
JRV
JRV
lunes, 17 de febrero de 2014
LA CENA
Un momento a la semana
en silencio
pensamos en ti
buscamos tu voz
Y en el silencio
hay veces que nos perdemos
en nuestro murmullo
que hasta allí nos persigue.
Hay veces que encontramos
un silencio dulce en el alma
y tu voz nos llega
como un susurro.
Esas veces
—pocas admito con tristeza—
te sentimos ahí
junto a nosotros
compartiendo el pan y el vino
y sentimos tus brazos, tu calor
y nuestra alma se vuelve etérea y se eleva
y en nuestro corazón
queremos construir una enramada
para que no te vayas.
JRV
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jueves, 13 de febrero de 2014
EL MILAGRO DE LOS PANES Y LOS PECES
Denles ustedes de comer
nos has dicho.
nos has dicho.
Y perplejos miramos nuestro
pequeño canasto
de cinco panes y dos peces.
Abajo, la multitud se extiende como un mar
de colores
en espera ansiosa de un bocado.
Observas nuestra impotencia;
alzas tu rostro al cielo
e incrédulos vemos como brotan
del minúsculo canasto
ríos de panes y peces
que nos inundan los pies,
nos cubren, nos ahogan.
Llenamos los canastos con premura.
Y bajamos a entregar este tu regalo
a la multitud hambrienta
¡Que gran lección!
La palabra imposible
no está en tu diccionario.
Han pasado 20 siglos
y las necesidades humanas
se han ido multiplicando.
Impotentes te preguntamos ¿cómo podemos aliviar el dolor
la necesidad, el hambre, la enfermedad
el abandono, la orfandad, la violencia
la explotación?
Y en respuesta
nos muestras ese viejo canasto
que teníamos en el albor
de este caminar tras tus huellas
en las colinas de Galilea
y nos preguntas
¿recuerdan?
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