domingo, 6 de diciembre de 2015

EMMANUEL, DIOS CON NOSOTROS

Alguien me dijo
que con nosotros estabas
y te busqué
afanosamente
por las mañanas
por las tardes
en las multitudes
en las desbordantes alegrías de las fiestas
en las ardientes lágrimas de los sepelios
en las peregrinaciones a sagrados lugares
en los libros de sabios
en los predicadores de las calles
en las ruinosas iglesias
en los responsos
en los hospitales
en las academias y universidades
y no te encontré
Todos te negaban
con su voz o con sus actos.

Triste
me senté a la vera de un arroyo
de aguas sucias
Allí
surcaban los residuos
infectos del pecado y
las cáscaras sucias de la ambición humana.

¿Dónde estás, Señor?
¿Dónde?
Alguien me tocó el hombro,
una mano invisible
un soplo de viento
la débil luz de una estrella.

Y un susurro oí
al llegar a mis pies
una hoja rota de una Biblia
"Dame hijo mío tu cora..."

Tómalo Señor
dije
y una luz tocó mi alma
y te descubrí
Señor de la Cruz

Y descubrí que tu creación
habla de ti
baila, canta...

Y me sumé a ese coro
con esta voz
que antes blasfemaba.



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