viernes, 8 de enero de 2016

TU VARA Y TU CAYADO

Sabes bien
que no soy una oveja dócil.

¡Cuantas veces
ajenas veredas tomé,
embriagado por los cascabeles
de las serpientes!

Pero Señor
tu vara
que cayó sobre mis carnes trémulas
me hizo ver mi extravío.

En medio de mis lágrimas
sentí junto a mi cuerpo
tu cayado
y sentí
como ponías
delicadamente
mis pies en tu
camino.

Tu vara, oh Cristo,
me muestra tu amor
"Por que Dios
al hijo que ama castiga"

Y tu cayado,
oh, Dios,
tu cayado
se extiende hasta
donde estoy
y me pone a salvo
entre tus brazos.

Tú vara y tu cayado
sí, Señor,
me infunden aliento.