elevo mi angustia a los cielos
El aire silba entre la hojas.
Las estrellas indiferentes
avanzan por un sendero
de siderales sombras.
Silencio... Silencio
¿Por qué callas, Dios mío?
La luna
roja de sangre
¿Quién la iluminó de grana?
Fue la misma mano que hizo
mi carne
Silencio...
De pronto, a lo lejos,
un coro de voces angelicales
de una iglesita de cartón y caña
¿Silencio?
No, no hay silencio
tu voz habla ahora
por medio de labios humildes
que creen en tu nombre
"Quien me ha visto a mí
ha visto al Padre".
Y cuando te fuiste
dejaste tu voz y tu semblanza
en estos humildes vasos de barro.
No, no hay silencio
tu iglesia habla con la voz eterna
con la misma voz que vibró
en aquella montaña
de Palestina
Iglesia, iglesia mía
habla, habla
que el Espíritu te llene los labios
de angelicales cantos.