miércoles, 12 de febrero de 2014

EL PODER DE LA FE



14 Cuando llegaron a la multitud, se le acercó un hombre, que arrodillándose delante de El, dijo: 15 Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico[g] y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. 16 Y lo traje a tus discípulos y ellos no pudieron curarlo. 17 Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo acá. 18 Y Jesús lo reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel momento.19 Entonces los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: ¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo? 20 Y El les dijo*: Por vuestra poca fe; porque en verdad os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Pásate de aquí allá”, y se pasará; y nada os será imposible. 21 Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno.
MATEO: 17: 14-21

“Decirle a un monte que se pase de aquí para allá” significa montarnos en el poder de Dios y hacer maravillas. Y ¿pero cómo podemos montarnos en su poder? Su poder nos queda tan lejano, tan ajeno, y henos aquí, criaturas débiles sujetas a cualquier vaivén de la vida.

Déjenme usar una tosca figura: cuando era niño, a mis amigos y a mí, nos gustaba montarnos en los camiones para viajar gratis agarrados de las escalerillas o de algún saliente. Generalmente nos subíamos cuando estaba en movimiento. Para lograrlo teníamos primero que correr a la misma velocidad del autobús.

Así que para “montarnos” en el poder de Dios tenemos que “sintonizarnos”, es decir, correr a su velocidad para montarnos y estando en él, podemos usar su poder guiados por el Espíritu Santo.

¿Cómo lograrlo? Jesús les dice que para sintonizarnos hay que desarrollar la fe hasta lograr el tamaño mínimo para estar en sintonía con Dios. La fe es la clave.

Si, la fe, es el gran motor para hacer incluso lo imposible
·      Mt. 8.26. El señor aquietó la tormenta, una muestra de lo que hace la fe.
·      Mt. 9. 22. Hija tu fe te ha salvado
·      Mt. 8:5-13 Jesús sana al siervo de un centurión

La falta de fe produce lo contrario
·      Mateo 14:31. Tomando a Pedro de la mano le dijo “hombre de poca fe”.
·      Lucas 8:25.  ¿Dónde está vuestra fe?
Y es preocupante que un signo del final de los tiempos será precisamente la ausencia de fe. Lucas 18:8. El señor la plante en este pasaje como un afirmación interrogativa.

Ante esta evidencia los apóstoles le piden: “Señor, auméntanos la fe”. (Lucas 17: 25)

¿Pero, cómo se desarrolla la fe?

El señor les contesta con una respuesta similar al pasaje que hemos leído: “Si tuvieres fe como un grano de mostaza…” El sicomoro es un árbol que llega a medir 20 metros de alto y un tallo de 6 de ancho. Es grande.

La fe es la puerta para comprender lo incomprensible como dice Hebreos 11:3: “Por la fe entendemos haber sido constituido el Universo por la palabra de Dios…”

¿Pero, cómo se desarrolla la fe?

El apóstol Pablo nos da un tip. Dice: “La fe viene por el oír”.

En la vida cotidiana muchas de nuestras decisiones vienen por lo que oímos. Si alguien nos cuenta de una oferta interesante, allá vamos. O si en un lugar pasa algo peligroso, no vamos. Hoy los medios influyen muchísimo en nuestras decisiones. Pero esto sucede sólo si creemos en eso que nos dicen. Si no creemos, no hacemos nada.

Oír la palabra de Dios nos permite enterarnos quién es Dios y que puede hacer y qué debemos hacer. El eunuco, cuando Felipe le predicó, de inmediato pidió ser bautizado.
Acostumbrarnos a oír su palabra nos va a llevar a que su verdad se implante en nosotros y crezca y empecemos a darle participación a Dios en nuestra vida.

Cada día abramos nuestros oídos a la palabra de Dios. Yo, generalmente, cada mañana oía un noticiero de radio que informa de noticias tan terribles que luego me dejaban en un estado de zozobra. Un día me dije: en vez de oír malas noticias, voy a oír buenas. Y cada mañana, antes de empezar el día, abro la Biblia y leo, leo las extraordinarias noticias para un mundo convulso en crisis económicas, inseguridad, contaminación, explotación, terrorismo, narcotráfico, etc.

Oración y ayuno

En el pasaje que hemos leído, Jesús les responde: “Pero esta clase no sale sino con oración y ayuno”.

¿Qué significa esto? Significa que estas dos actividades son dos caminos para desarrollar una fe poderosa, la fe que puede ser capaz hasta de mover algo tan inamovible como las montañas.

¿Qué es la oración? ¿Cómo puede lograrlo? Cuando el Señor estaba a punto pasar por una las pruebas más espantosas de su vida va al huerto de Getsemani a orar. Es decir, a ponerse en sintonía con Dios. Y de esa forma, lleno de poder, pudo ir como oveja al matadero a la cruz del calvario. “La oración es el arma de la boca…” dicen los Rabinos. El Salmo 145:18 dice: “Cercano está Jehová a todos los que le invocan. Y a todos los que le invocan de veras”.

Friedlânder dice: “La oración tiene el efecto saludable de purificar, perfeccionar y ennoblecer nuestro corazón. Ahuyenta los pensamientos malos y nos ahorra, por lo tanto, mucho dolor y aflicción.

“La oración es el instrumento que nos conecta a Dios, es el enchufe. Acuérdense que el Señor dice en Juan, Yo soy la vida vosotros los pámpanos, sin mí nada podéis hacer”.

¿Y qué es el ayuno? Hay personas que no hay cosa más importantes que la comida. Imagínense qué tan valiosa era la comida en un lugar donde no había supermercado, ni tianguis, ni tienditas, ni Oxxos.  Cuando no había cosechas, ni los ricos. Es probable que fuese uno de los placeres más preciados: comer.

En este contexto ayunar, significaba dejar de satisfacer los deseos propios para entrar en comunión con Dios de una forma plena. Hoy podríamos practicar diversos tipos de ayunos: ayuno de diversión, de comodidades, de golosinas, de aquellos que nos es más importante y gastar nuestro tiempo con Dios. Por ejemplo, podríamos ir caminando al trabajo y en ese trayecto ir orando con Dios. O podemos ayunar de diversiones: no ver la tele o ir al cine o escuchar música, sino concentrarnos en el Señor y entrar en momentos de comunión intensa con él.

La frustración de los apóstoles

¿Por qué nosotros no pudimos? Y esa es también nuestra pregunta. ¿Por qué nosotros no podemos?

Juan 14: 12. Si el Señor dijo, estas cosas haréis y mayores porque yo voy al Padre. Entonces, ¿por qué no podemos?

El problema es que queremos usar el poder de Dios estando en tierra, sin habernos llenado de él de su poder. Es como querer viajar velozmente (como podemos hacerlo en un automóvil) sin subirnos al autobús. Cerramos los ojos, apretamos los puños y nada pasa. Esa fue la experiencia de los apóstoles con este niño enfermo.

Sin fe, nada podeis hacer. Mt. 16:8. Multiplicación de los panes. Dadles vosotros de comer.

Al que cree, todo puede… Mr. 9:23

Es decir, aquel que ha desarrollado de tal manera su conexión y sintonía con Dios que se convierte en instrumentos de grandes portentos.

La invitación es a desarrollar la fe.

OBSTACULOS DE LA FE

La confianza en nuestro recursos nos priva de desarrollar y probar la fe. Y eso nos hace que en circunstancias difíciles nos sintamos tan inútiles.

La escuela de la fe
Es interesante que el señor antes de comenzar su ministerio haya pasado 40 días en el desierto.

Y los grandes maestros de la fe que enlista Hebreos 11 fueron personas comunes, pero que pasaron por proceso a veces terribles donde aprendieron a desarrollar su fe. Es decir, circunstancias en las que pudieron ver la mano de Dios obrando. Esto los llevó a confiar plenamente en él. Es por ello, que las pruebas son momentos de sumo gozo, pues indican que Dios se está ocupando de nosotros.

Para confiar en Dios hay que descubrirle. No podemos confiar en un ser desconocido, en alguien que hemos conocido de oídas.

Job 42:5.”De oídas te conocía, más ahora mi ojos te ven”. Job pasó por un proceso terrible para que sus ojos fuesen abierto, para que tuviera un fe de esas que mueven montañas.

ORACIÓN
Oh Señor, ya no queremos conocerte de oídas, ser cristianos de oídas, queremos que nuestros ojos te vean, que podamos sentirte como sentimos un árbol, el agua, el aire, tan tangible como cualquier cosa creada tuya. Queremos que nuestros oídos te oigan, nuestro olfato te huela, y nuestras manos te sientan. Aquí estamos, Padre, para hacer tu voluntad.



No hay comentarios.:

Publicar un comentario