14 Cuando
llegaron a la multitud, se le acercó un hombre, que arrodillándose delante de
El, dijo: 15 Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico[g] y
sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.
16 Y lo traje a tus discípulos y ellos no pudieron curarlo. 17 Respondiendo
Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con
vosotros? ¿Hasta cuándo os tendré que soportar? Traédmelo acá. 18 Y Jesús lo
reprendió y el demonio salió de él, y el muchacho quedó curado desde aquel
momento.19 Entonces
los discípulos, llegándose a Jesús en privado, dijeron: ¿Por qué nosotros no
pudimos expulsarlo? 20 Y El les dijo*: Por vuestra poca fe; porque en verdad os
digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: “Pásate de
aquí allá”, y se pasará; y nada os será imposible. 21 Pero esta clase no
sale sino con oración y ayuno.
MATEO: 17:
14-21
“Decirle a un monte que se pase de aquí para allá” significa montarnos en el poder de Dios y hacer maravillas. Y ¿pero cómo podemos
montarnos en su poder? Su poder nos queda tan lejano, tan ajeno, y henos aquí,
criaturas débiles sujetas a cualquier vaivén de la vida.
Déjenme usar una tosca figura: cuando era niño, a mis amigos
y a mí, nos gustaba montarnos en los camiones para viajar gratis agarrados de
las escalerillas o de algún saliente. Generalmente nos subíamos cuando estaba
en movimiento. Para lograrlo teníamos primero que correr a la misma velocidad
del autobús.
Así que para “montarnos” en el poder de Dios tenemos que
“sintonizarnos”, es decir, correr a su velocidad para montarnos y estando en
él, podemos usar su poder guiados por el Espíritu Santo.
¿Cómo lograrlo? Jesús les dice que para sintonizarnos hay
que desarrollar la fe hasta lograr el tamaño mínimo para estar en sintonía con
Dios. La fe es la clave.
Si, la fe, es el gran motor para hacer incluso lo imposible
·
Mt. 8.26. El señor aquietó la tormenta, una
muestra de lo que hace la fe.
·
Mt. 9. 22. Hija tu fe te ha salvado
·
Mt. 8:5-13 Jesús sana al siervo de un centurión
La falta de fe produce lo contrario
·
Mateo 14:31. Tomando a Pedro de la mano le dijo
“hombre de poca fe”.
·
Lucas 8:25.
¿Dónde está vuestra fe?
Y es preocupante que un signo del final de los tiempos será
precisamente la ausencia de fe. Lucas 18:8. El señor la plante en este pasaje
como un afirmación interrogativa.
Ante esta evidencia los apóstoles le piden: “Señor,
auméntanos la fe”. (Lucas 17: 25)
¿Pero, cómo se desarrolla la fe?
El señor les contesta con una respuesta similar al pasaje
que hemos leído: “Si tuvieres fe como un grano de mostaza…” El sicomoro es un
árbol que llega a medir 20 metros de alto y un tallo de 6 de ancho. Es grande.
La fe es la puerta para comprender lo incomprensible como
dice Hebreos 11:3: “Por la fe entendemos haber sido constituido el Universo por
la palabra de Dios…”
¿Pero, cómo se desarrolla la fe?
El apóstol Pablo nos
da un tip. Dice: “La fe viene por el oír”.
En la vida cotidiana muchas de nuestras decisiones vienen
por lo que oímos. Si alguien nos cuenta de una oferta interesante, allá vamos.
O si en un lugar pasa algo peligroso, no vamos. Hoy los medios influyen
muchísimo en nuestras decisiones. Pero esto sucede sólo si creemos en eso que
nos dicen. Si no creemos, no hacemos nada.
Oír la palabra de Dios nos permite enterarnos quién es Dios
y que puede hacer y qué debemos hacer. El eunuco, cuando Felipe le predicó, de
inmediato pidió ser bautizado.
Acostumbrarnos a oír su palabra nos va a llevar a que su verdad
se implante en nosotros y crezca y empecemos a darle participación a Dios en
nuestra vida.
Cada día abramos nuestros oídos a la palabra de Dios. Yo,
generalmente, cada mañana oía un noticiero de radio que informa de noticias tan
terribles que luego me dejaban en un estado de zozobra. Un día me dije: en vez
de oír malas noticias, voy a oír buenas. Y cada mañana, antes de empezar el día,
abro la Biblia y leo, leo las extraordinarias noticias para un mundo convulso
en crisis económicas, inseguridad, contaminación, explotación, terrorismo,
narcotráfico, etc.
Oración y ayuno
En el pasaje que hemos leído, Jesús les responde: “Pero esta clase no sale sino con oración y
ayuno”.
¿Qué significa esto? Significa que estas dos actividades son
dos caminos para desarrollar una fe poderosa, la fe que puede ser capaz hasta
de mover algo tan inamovible como las montañas.
¿Qué es la oración?
¿Cómo puede lograrlo? Cuando el Señor estaba a punto pasar por una las pruebas
más espantosas de su vida va al huerto de Getsemani a orar. Es decir, a ponerse
en sintonía con Dios. Y de esa forma, lleno de poder, pudo ir como oveja al
matadero a la cruz del calvario. “La oración es el arma de la boca…” dicen los
Rabinos. El Salmo 145:18 dice: “Cercano está Jehová a todos los que le invocan.
Y a todos los que le invocan de veras”.
Friedlânder dice: “La oración tiene el efecto saludable de
purificar, perfeccionar y ennoblecer nuestro corazón. Ahuyenta los pensamientos
malos y nos ahorra, por lo tanto, mucho dolor y aflicción.
“La oración es el instrumento que nos conecta a Dios, es el
enchufe. Acuérdense que el Señor dice en Juan, Yo soy la vida vosotros los
pámpanos, sin mí nada podéis hacer”.
¿Y qué es el ayuno?
Hay personas que no hay cosa más importantes que la comida. Imagínense qué tan
valiosa era la comida en un lugar donde no había supermercado, ni tianguis, ni
tienditas, ni Oxxos. Cuando no había
cosechas, ni los ricos. Es probable que fuese uno de los placeres más
preciados: comer.
En este contexto ayunar, significaba dejar de satisfacer los
deseos propios para entrar en comunión con Dios de una forma plena. Hoy
podríamos practicar diversos tipos de ayunos: ayuno de diversión, de
comodidades, de golosinas, de aquellos que nos es más importante y gastar
nuestro tiempo con Dios. Por ejemplo, podríamos ir caminando al trabajo y en
ese trayecto ir orando con Dios. O podemos ayunar de diversiones: no ver la
tele o ir al cine o escuchar música, sino concentrarnos en el Señor y entrar en
momentos de comunión intensa con él.
La frustración de los
apóstoles
¿Por qué nosotros no pudimos? Y esa es también nuestra
pregunta. ¿Por qué nosotros no podemos?
Juan 14: 12. Si el Señor dijo, estas cosas haréis y mayores
porque yo voy al Padre. Entonces, ¿por qué no podemos?
El problema es que queremos usar el poder de Dios estando en
tierra, sin habernos llenado de él de su poder. Es como querer viajar
velozmente (como podemos hacerlo en un automóvil) sin subirnos al autobús.
Cerramos los ojos, apretamos los puños y nada pasa. Esa fue la experiencia de
los apóstoles con este niño enfermo.
Sin fe, nada podeis hacer. Mt. 16:8. Multiplicación de los
panes. Dadles vosotros de comer.
Al que cree, todo puede… Mr. 9:23
Es decir, aquel que ha desarrollado de tal manera su
conexión y sintonía con Dios que se convierte en instrumentos de grandes
portentos.
La invitación es a desarrollar la fe.
OBSTACULOS DE LA FE
La confianza en nuestro recursos nos priva de desarrollar y
probar la fe. Y eso nos hace que en circunstancias difíciles nos sintamos tan
inútiles.
La escuela de la fe
Es interesante que el señor antes de comenzar su ministerio
haya pasado 40 días en el desierto.
Y los grandes maestros de la fe que enlista Hebreos 11
fueron personas comunes, pero que pasaron por proceso a veces terribles donde
aprendieron a desarrollar su fe. Es decir, circunstancias en las que pudieron
ver la mano de Dios obrando. Esto los llevó a confiar plenamente en él. Es por
ello, que las pruebas son momentos de sumo gozo, pues indican que Dios se está
ocupando de nosotros.
Para confiar en Dios hay que descubrirle. No podemos confiar
en un ser desconocido, en alguien que hemos conocido de oídas.
Job 42:5.”De oídas te conocía, más ahora mi ojos te ven”.
Job pasó por un proceso terrible para que sus ojos fuesen abierto, para que
tuviera un fe de esas que mueven montañas.
ORACIÓN
Oh Señor, ya no
queremos conocerte de oídas, ser cristianos de oídas, queremos que nuestros
ojos te vean, que podamos sentirte como sentimos un árbol, el agua, el aire,
tan tangible como cualquier cosa creada tuya. Queremos que nuestros oídos te
oigan, nuestro olfato te huela, y nuestras manos te sientan. Aquí estamos, Padre,
para hacer tu voluntad.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario